ver video en
https://www.facebook.com/alejandrojghernandez/videos/10210279658334988/
No es la primera vez que pasa pero ahora puede sacar una conclusión.
Si uno muestra una primera monta de un caballo relajado las opiniones van entre la desconfianza de que realmente sea la primera vez o el comentario desencantado que dice "ahh... pero salió mansito".
Parece ser que la doma para poder ser apreciada debe mostrar un momento de tensión, la evidencia de un riesgo que implica un desafío cuerpo a cuerpo, una lucha y la consumación de una victoria del jinete sobre el caballo.
La doma sigue siendo para muchos como dicen los americanos "to brake", quebrar y si no se escucha el ruido cuando se vence la voluntad del animal no sirve.
La violencia no está en el maltrato, golpear o aplicar técnicas agresivas, la violencia sigue estando en nuestra manera de entender.
miércoles, mayo 15, 2019
martes, mayo 07, 2019
Transiciones al alto
En estos videos se puede ver el trabajo de las transiciones al alto. Primero a la cuerda usando la posición del cuerpo (trote y galope), luego con dos cuerdas tratando de hacer uso de la rienda externa y finalmente montado.
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sábado, marzo 23, 2019
De los espejos
La equitación como vínculo con el caballo supone la voluntad de cambio a partir de uno mismo como un otro... Por eso en todo picadero es necesario un espejo.
martes, febrero 05, 2019
jueves, enero 24, 2019
El sentido de oportunidad en la doma
Hay infinidad de técnicas que se pueden enseñar o transmitir pero sin embargo en el arte de la doma y la equitación la suma de todas las técnicas no siempre resulta en una práctica de excelencia.
Ayer, un amigo filósofo me recordó el concepto de oportunidad que los griegos llamaban kairos. Lo primero que sabemos de la oportunidad es que la pintan calva por lo difícil que es atraparla.
Si pensamos en la doma, la oportunidad es una idea clave pero no es de aquellas que se pueden enseñar. Se le puede decir a alguien que esté atento a la oportunidad, se le puede indicar: "Ahora!" cuando es el momento más favorable para aplicar una ayuda, pero darse cuenta por sí mismo cuándo es el momento oportuno para actuar (o no actuar) depende del desarrollo de la intuición.
Como el arte del buen fotógrafo que captura el momento del gesto preciso que expresa un sentimiento o la singularidad de la escena porque reúne en ese instante todos los elementos conjugados en sintonía para un resultado perfecto.
Una intuición que no es lo que comunmente conocemos como espontaneidad irreflexiva sino algo así como un sentido extra que se desarrolla recogiendo todo el conocimiento, toda la experiencia y la sensibilidad.
Resolver con arte el momento de actuar o no actuar, aumentar o ceder en la presión, comprender si el caballo está con nosotros o aún desconfiado, que las ayudas de nuestro cuerpo sintonicen con el equilibrio del caballo... capitalizar el momento de relajación o de la pausa reconociendo los gestos del caballo cuando hace su mejor esfuerzo por entender lo que pedimos... todo ello en un instante en el que debemos decidir nuestro próximo paso.
Todo el recorrido de la doma y la equitación se eslabona a partir de esta serie de decisiones oportunas que a la larga nos permiten cultivar la inteligencia del caballo.
El don de la intuición para captar la oportunidad no se enseña pero es algo que debemos aprender.
jueves, enero 10, 2019
viernes, enero 04, 2019
Cuestiones técnicas y flexiones del posterior
Todavía persiste una discusión de contenido ético acerca de si montar a caballo es un abuso sobre los derechos de los animales... creo que es un debate imposible de resolver al menos al día de hoy.
Por debajo de este principismo moral todavía subyace la discusión sobre la doma tradicional y sus modos violentos de proceder.
A mi modo de ver los caballos son mansos y para incorporarlos a nuestras costumbres los manejos etológicos son muy eficaces y además representan un beneficio en términos de seguridad tanto para el caballo como para el hombre. El caballo gana en confianza y esto redunda en el éxito del amansamiento.
Pero lo que sigue y que especificamente podríamos llamar doma implica un disciplinamiento que ya no puede ser encuadrado bajo términos naturales.
Si bien podríamos discutir largamente sobre qué es natural para el caso no habría problema en conceder que adiestrar y domar un caballo para cualquier disciplina es algo "antinatural" para el caballo.
Para domar un caballo sin lugar a dudas hay que recurrir a una serie de procedimientos y entrenamientos que fuerzan al caballo a adquirir ciertas habilidades y quedar sometido a la voluntad de quien lo maneja.
En este renglón todavía se dan diferentes métodos atravesados por las discusiones que venimos reseñando. Hay un entrenamiento clásico basado en relaciones físicas de fuerza y equilibrio y un entrenamiento conductista basado en actos reflejos que actúan a nivel del sistema nervioso central sin pasar por el cerebelo.
A este nivel de cuestionamiento ya se pueden discutir aspectos más concretos y pragmáticos.
Hay muchos defensores del buen trato del caballo que se inclinan por este tipo de adiestramiento conductista. Hacen ver que con algunos gestos se logra un lenguaje que el caballo comprende y con buena disposición obedece.
El problema no es investigar si hay o no hay violencia física en el condicionamiento. El caso es que el nivel de sometimiento que exhibe el caballo lo hace ver como un autómata sin capacidad de discernimiento.
En contraposición prefiero las técnicas clásicas en las que el caballo todavía puede manifestar disconformidad y hacer pleno uso de sus facultades.
Todo esto que venimos diciendo para llegar a este punto: la discusión o crítica a los métodos tradicionales no pasa por la violencia porque los métodos alternativos ofrecen un panorama inquietante de temor reverencial y rigor psicológico.
Los que defendemos la monta tradicional debemos hacer el esfuerzo de aprender las razones mecánicas y morfológicas que explican y fundamentan racionalmente el adiestramiento del caballo.
Tenemos que poder manejar los argumentos técnicos que llevan a un caballo a expresar toda su belleza y potencial genético.
No hay pues que oponerse a lo racional... la racionalidad está de nuestro lado.
Hay muchos defensores del buen trato del caballo que se inclinan por este tipo de adiestramiento conductista. Hacen ver que con algunos gestos se logra un lenguaje que el caballo comprende y con buena disposición obedece.
El problema no es investigar si hay o no hay violencia física en el condicionamiento. El caso es que el nivel de sometimiento que exhibe el caballo lo hace ver como un autómata sin capacidad de discernimiento.
En contraposición prefiero las técnicas clásicas en las que el caballo todavía puede manifestar disconformidad y hacer pleno uso de sus facultades.
Todo esto que venimos diciendo para llegar a este punto: la discusión o crítica a los métodos tradicionales no pasa por la violencia porque los métodos alternativos ofrecen un panorama inquietante de temor reverencial y rigor psicológico.
Tenemos que poder manejar los argumentos técnicos que llevan a un caballo a expresar toda su belleza y potencial genético.
No hay pues que oponerse a lo racional... la racionalidad está de nuestro lado.
jueves, diciembre 27, 2018
miércoles, diciembre 12, 2018
sábado, diciembre 08, 2018
viernes, noviembre 09, 2018
Alternativa
Se ha dado como expresión de la postmodernidad un despliegue sin fin de modalidades alternativas con las que se trata de dar la espalda al modelo icónico de la cultura tradicional.
Lo alternativo procura y ofrece ahora un estatus jerarquizado a todo aquello que antes fuera marginal o despreciado por diferente. El modelo de exclusión que exacerbaba los antagonismos ahora se ha reformulado a través de modos imperiosamente inclusivos. Nada queda por fuera del orden sistémico pero esta diversidad, proclamada como nuevo orden universal, trae consigo una confusa relativización de todos los conflictos al extremo de enervarlos. La relatividad cultural imperante ya no tiene el eje en la discusión de los antagonismos otrora fundamentales para tratar de comprender las razones de nuestro sistema de vida sino que gracias a la multiplicidad, lo antagónico ya no es causa de ningún análisis, simplemente pasa a ser desconsiderado por insignificante; lo relevante en el orden de la contingencia es la pura diversidad.
En cuanto a desconsiderar los conflictos fundamentales, también se da el caso de modos extremos y radicales que a su manera también intentan impedir la dialéctica de los antagonismos con manifestaciones principistas y fundamentalistas que niegan y resuelven sencillamente los conflictos auspiciando el exterminio de los que piensan distinto.
De un modo u otro el caso es que las contradicciones no progresan hacia su superación sino que son suspendidas y postergadas de acuerdo a la doctrina paulista del katechon: impedir a como dé lugar el devenir y auspiciar livianamente cualquier manifestación o expresión que nos distraiga.
La proliferación de lo alternativo intentó expandir el panorama promoviendo la pura contingencia como indulto ante la indiferencia que le dispensamos a los asuntos, nos perdona de tener que preocuparnos por los problemas sustanciales, nos dispensa de analizar las condiciones de posibilidad de nuestras existencias, y procura que estas expresiones pongan distancia respecto de las preguntas decisivas.
Se puede hacer lo que quieras (Dios ha muerto...) pero nadie especifica que el éxito ontológico sigue sujeto al régimen del mercado. Esta supuesta libertad no lo es todo porque se halla determinada por su propia indiferencia hacia lo que se le da la espalda. El relativismo no lo es todo porque siempre está a la par aquello que se pretende negar. Aquello que se niega es precisamente la única afirmación consistente y sobredeterminante.
De este modo, la proliferación de la diversidad alternativa no hace otra cosa que reafirmar los principios con los que se trata de ocultar las contradicciones, opera del mismo modo que las manifestaciones radicales, niegan, por acción u omisión, la discusión sobre las contradicciones y a la vez habilita el expediente de congraciarse con uno mismo en el ejercicio de una diversidad insustancial. Diversidad que por su parte no hace más que subsumir subalternamente todo proyecto alternativo al orden sistémico universal y poner en evidencia esta diversidad como una forma de negación fetichista. Frente al compromiso trágico de la contradicción, la multiplicidad relativista nos ofrece el amparo de la pura contingencia como mascarada de libertad.
A pesar de todo esto nosotros apostamos por una fórmula alternativa porque pensamos que aún en ella existe la posibilidad de abreviar el recorrido y la complejidad para quedar inevitablemente frente a frente con los conflictos esenciales. Lo alternativo, como particular, no puede evadir su momento de concreción determinado por la contradicción. A pesar de su modo distendido y metonímico, lo alternativo no puede eludir la confrontación con el conflicto: lo alternativo, salvo en su forma fetichista, no puede evitar lo Real.
Si no se llega a esta confrontación, lo alternativo fracasa como proyecto emancipatorio y solo repite los modos del consumo que difieren el problema e hipnotizan el discernimiento.
Una equitación alternativa no procura liberarse de los problemas éticos que implica la práctica ecuestre. No supone un lugar de confort que nos emancipe de todos los conflictos que conlleva la práctica con los caballos. En lo particular del vínculo con el caballo no puede sino replicarse la complejidad del mismo mundo y por lo tanto la necesidad de tener que enfrentar estos desafíos éticos. No es la libertad de hacer cualquier cosa sino la libertad que surge de la necesidad impuesta por las contradicciones que nos constituyen.
Montar, o no montar; con embocaduras o sin ellas; métodos de entrenamiento conductistas basados en actos reflejos o gimnásticos; intervenir o no interferir en el mundo del caballo; qué es la violencia, qué es natural... hay alguna posibilidad ética de justificar y legitimar la práctica ecuestre?
Todas estas inquietudes y tantas otras no pueden caer en la indiferencia del relativismo alternativo sino que deben ser asumidas para que desde la propia experiencia se intenten resolver.
Lo particular de toda alternativa se puede volver universal cuando es el lugar que expresa un problema o pregunta candente; lo alternativo deja su lugar de la serie de uno más para expresarse cualitativamente en la formulación explícita del conflicto.
Lo alternativo como formulación postmoderna es una respuesta que no supera el fracaso. En cambio, lo alternativo bien concebido debe involucrarse en lo particular para despejar los conflictos, despejar las incógnitas que se repiten sinérgicamente en todas las formaciones del mismo sistema.
No hay salvataje posible con ningún plan o proyecto alternativo, lo alternativo vale sólo como experiencia singular capaz de traer a primer plano las preguntas que preferimos no confrontar. Lo alternativo puede ser, si se quiere, una posibilidad para ejercer la libertad a partir de la necesidad.
martes, octubre 23, 2018
La impostura de lo natural
De un tiempo a esta parte todos los comportamientos humanos deben comparecer ante el tribunal delo natural. Incluso parece haberse invertido la presunción de inocencia: todo quehacer humano se presume antinatural y violento y no hay muchas chances de demostrar lo contrario. La humanidad sería una rara especie antinatural (vaya a saber de qué procedencia) que a lo largo de toda su existencia no ha dejado de atentar contra el orden natural.
Asi las cosas, para quienes disfrutan del apasionante deporte del dedito admonitorio y acusador, se allana el camino de la demostración de la culpa o responsabilidad del imputado, con una rápida denuncia se consigue comprometer, frente al tribunal de ética, a cualquier desprevenido.
Y por las dudas que alguien quisiera discutir el estatus jurídico del encuadre penal, la definición de naturaleza se da por la negativa, o sea, todo lo que haga el hombre es un agravio a la naturaleza.
Más allá de discusiones filosóficas al respecto que demostrarían fácilmente que el propio concepto
de naturaleza es una construcción humana y racional, lo natural se exhibe como un paradigma
universal pero tan indeterminado como impreciso.
Las tendencias que defienden el orden natural de lo dado dan por sentado que hay una ley suprema
que rige el universo pero que al hombre le resulta inaccesible y con la que no acierta ni por error.
A pesar de que nadie puede definir la naturaleza de lo natural, aún así, lo natural es una vara
intransigente con la que unos humanos han lanzado un proceso universal de enjuiciamiento y
proscripción en contra de otros humanos.
Una época de gatillo fácil, de esclerosadas oposiciones que son la negación de toda dialéctica superadora; si hay algo propio de la naturaleza humana parece ser esto de recurrir a expedientes
sumarísimos para condenar al prójimo evitándose lo arduo que puede resultar el trabajo de revisar el juicio y las categorías que lo determinan; una sentencia rápida después de una denuncia expeditiva fundada en argumentos paradójicamente “naturalizados”, que no requieren ser revisados porque
son intuitivos. Denunciar, imputar y sancionar por el trámite sumarísimo del juicio popular (y es
sabido que el juicio popular es vox dei).
En el uso vulgar y más práctico se dice impostor a aquella persona que se hace pasar por lo que no
es; incluso es un impostor el que engaña con apariencia de verdad. Y se asocian a la palabra
impostor una serie de sinónimos como embaucador, farsante, calumniador, difamador, tramposo, mentiroso, estafador y charlatán.
Su etimología viene del latín y denotaba poner por encima, imponer; luego sería usado con la idea de echar encima de alguien una responsabilidad o culpa de algo a alguien.
En este contexto semántico lo natural jugaría de una doble manera: impostor por atribuirse una
identidad falsa como sujeto absoluto de una verdad e impostor por atribuir responsabilidad o culpa falsamente a otro. Lo natural nos calumnia, nos difama desde su charlatanería farsante y
embaucadora.
Hoy, lo natural, para ser sintético, se esgrime como un canon con el que dirimir la eticidad del
quehacer humano. Lo natural sería lo contrario del artificio; lo natural sería esencial e
inobjetablemente bueno, lo que implícitamente y por contrapartida caracteriza el comportamiento
humano como malicioso y perjudicial para el orden establecido.
Habría muchos argumentos para esgrimir pero uno en especial es tener presente que lo natural como concepto es, antes que nada, una construcción semántica del lenguaje que al mismo tiempo es lo suficientemente vaga e imprecisa para intentar constatar y confrontar certeramente su contenido con lo real. Cuál sería el contenido específico de lo natural?
Nos atraviesa y recorre y nos interpela una noción de natural que parece ser el paradigma moral que
viene a reemplazar los diez mandamientos, con la no poca diferencia que éstos, al menos, tenían un
contenido bien determinado. Lo natural ha devenido una hipóstasis en términos místicos que oficia a modo de reproche calumniador y que sólo alude por contraste respecto de lo que hace el hombre.
No parece hacer falta definir lo natural, alcanza con lo que intuimos (en un nivel de certeza muy elemental porque ya se sabe que nuestras intuiciones son falaces) y tener por artificioso todo quehacer humano.
Así las cosas, parece que debemos dar por sentado que hay algo como una ley natural aunque no
nos sea dado conocerla. Debemos suponer también que lo natural es justo, ecuánime, equitativo; se supone que lo natural no es violento, que natural y vida van de la mano. Sin embargo, inmediatamente uno sabe que la naturaleza no es garante de la vida. La vida, a la vez que pródiga por necesidad, debe ser luchadora, enfrentarse al medio y modificarlo, adaptarse y cambiar pero la
noción de lo natural nos sugiere un orden preexistente agraviado por la actividad humana.
Yo pienso que si lo natural es algo que podemos conocer con nuestra experiencia no habría ninguna manera de pensarlo como algo bueno; no existía el hombre y la naturaleza varias veces ya se llevó puesto gran parte de lo vivo. Acaso la naturaleza no es violenta? El hombre es violento por ser de otra naturaleza? O más bien lo sería por ser una manifestación más del ser de la naturaleza?
Acaso no es la ideología la que nos viene enseñando que el medio es el resultado de una recreación e interacción incesante de las fuerzas que aplican todas las partes que lo constituyen y definen?
Acaso no es cierto que la adaptación es un artículo clave en la concepción del mundo?
Quizás sea el propio hombre el que como rasgo característico tenga este problema de pretender
encontrar y despejar una ley única que lo organice todo pero entonces el rasgo distintivo del hombre sería superador del caos y de todo lo trágico que hay en el horizonte de acontecimientos de lo natural. Porque la naturaleza misma no cesa de exhibirse errática, frágil, violenta, en lucha permanente, amenazante de la vida, cuyo único sostén es el devenir a través del cambio, la adaptación, la mutación, la variabilidad y multiplicidad de factores que colisionan caóticamente y
tienen como resultado el azar del acontecimiento novedoso y singular. Lo que en cierto sentido es
bastante natural porque la naturaleza se nos presenta como un ámbito dialéctico en si mismo cuyo devenir está unicamente signado por el cambio incesante.
Es muy difícil si uno es crítico, concebir una imagen idealizada de la naturaleza a no ser que
empecemos por considerar que lo natural está definido por la cultura del hombre y que como tal no es más que una construcción ideológica, un dispositivo de control moral que trata de dirigir nuestros comportamientos sociales en una sentido determinado: la negación de todo lo que sea humano.
No es exagerado sospechar que ya se ha establecido que el hombre infringe obstinadamente el orden natural. Cuál sería el comportamiento debido, éticamente correcto?
Parece que debemos quedarnos quietos, como los chicos, no tocar nada (que se rompe), que la
sumisión a un orden dado es la la única respuesta natural.
En cierto sentido la única norma válida es que la naturaleza no está sobredeterminada por ninguna causa sino que ha puesto a andar la libertad y no tenemos que vérnosla con una ley que
desconocemos por incapacidad, sino que el mandato natural soberano es ser libre para el cambio.
Mientras tanto, el curso de los hechos va en dirección contraria: los hombres del pensamiento
politicamente correcto encarnan la negación y persecución moral de lo más natural que hay en el hombre al procurar plasmar y formalizar sistemas bajo leyes eternas o trascendentales. Lo urgente de todos los días que tiene en jaque al hombre, el administrar el caudal de energía que lo desborda, se quiere resolver con la simple idea de dejar que la naturaleza siga su curso.
En lo que atañe específicamente al ámbito de la equitación esta cuestión de lo natural viene
teniendo un desarrollo intenso. Por un lado nuevos métodos de doma y adiestramiento de los
caballos que, basados en la etología, arguyen recurrir a lo natural como argumento de mercadeo; y por otro, posturas mas radicales que sostienen que lo verdaderamente natural sería no interferir en lavida del caballo. Algunas técnicas de doma intentaron en un inicio diferenciarse apelando a lo racional pero rápidamente los naturalistas apuntaron sus reproches a que justamente la racionalidad era un ardid para encubrir el abuso y la violencia. Para los más radicales toda intervención del
hombre en el mundo del caballo es un acto de violencia en sentido amplio hasta el extremo de
abusos por disponer de manera egoísta de los caballos para procurarse un goce hedonista. Así las cosas, el hombre violentaría al caballo por haberlo constreñido a expresar su potencial genético, convirtiéndolo en un producto de la excelencia pero siendo esto, para algunos, mera esclavitud. El hombre supo hacer salir a la realidad lo bello que escondía lo natural en su devenir caótico pero el resultado en lugar de expresar belleza y singularidad expresa más bien abuso y violencia.
En primer lugar resulta bastante ingenuo tener que aceptar sin objeciones o reparos que lo natural no es violento, abundan los ejemplos de glaciaciones, tsunamis, estragos diversos y luchas
incesantes por la supervivencia en condiciones adversas, todo ello sin entrar a considerar las
posibilidades de vida al momento del Big Bang, de que algún meteorito se estrelle contra la tierra o
tener en cuenta las leyes de la termodinámica que auguran un final oscuro y frío para todo el
universo. La ideología de lo natural es lo que nos hace actuar ignorando que una catástrofe es
posible aunque sepamos que lo es. Nos hace creer que hay cierta justicia en lo trágico y que no nos
compete tratar de evitarlo o corregirlo porque es ir en contra de las leyes originales. Y aquí la
impostura: que la posibilidad cierta del fin de la humanidad es responsabilidad del hombre y no de la naturaleza misma. Ya no se trata del cinismo de la hipocresía, es un puro fundamentalismo
ideológico que replica el discurso del poder.
Y en segundo lugar, qué sería lo pecaminoso de la violencia? Llevamos milenios de reproches
éticos por la búsqueda del conocimiento.
El trabajo del hombre irrumpe en la realidad de la mano del conocimiento, de la ciencia. Ciencia es
una palabra que etimológicamente viene de la raíz cortar, separar (scio): escisión o scissors (en
inglés, tijeras). La ciencia corta, separa y procura diferencias. El sentido común no está cómodo con
las diferencias siempre prefiere la homogeneidad del género neutro.
Precisamente aunque nuestro cuestionamiento no va dirigido hacia una reivindicación del uso
irracional de la fuerza nos encontramos en la mira de quienes de una manera extremista proponen que al caballo hay que dejarlo a su suerte aunque ésta hubiera sido, en razón de las propias causas naturales, su extinción.
En cambio se trata de focalizar un punto de inflexión desde el cual poder comprender que violencia,de acuerdo al concepto absoluto, es un factor característico de todo quehacer (es lo más natural) si consideramos que los efectos de cualquier acción suponen un cambio en el medio. En ese sentido el juicio que sanciona por violento el comportamiento humano está extralimitado. Lo que éticamente es deplorable es que establezca un principio de culpa y que el comportamiento humano tenga que asumirse como pecaminoso y ofensivo del orden natural. Como en tantos otros órdenes sociales la
presunción de culpabilidad ha reemplazado a la de inocencia y lleva consigo la tácita sugestión que el comportamiento humano debido es la pasividad, la sumisión y el rechazo de cualquier
intervención o cambio.
Paradójicamente todo lo que se critica y sanciona del comportamiento humano como antinatural
suelen ser las características y manifestaciones más naturales del hombre: se suele decir que el
hombre tiene conductas antinaturales cuando está actuando de manera natural. Cuando el hombre esatávico, se comporta con ira, depreda o es violento es el modo en que se identifica con la naturaleza:lo propio de la naturaleza en su modo de ser espontáneo y a la vista. Contrariamente, así no se reconoce en la naturaleza su modo de ser dialéctico y cambiante, se quiere hacer ver que en la naturaleza impera un modo de ser rígido y sometido a leyes rigurosas, invariables. Y otra vez se nosofrece una interpretación invertida: en lo cambiante del hombre no se ve un rasgo natural sino algo antinatural, lo inestable de la naturaleza ya no es un rasgo distintivo de ella sino una característica agraviante del orden natural que es propia del hombre.
Todo esto no quiere decir que el hombre, que todo hombre, no incurra en disparates y en discursos
aberrantes. De hecho la construcción ideológica del concepto sobre la naturaleza es, como tantos
otros, una elaboración cultural implicada en la estructura del poder.
Los parámetros morales son un campo de batalla donde terminan por imponerse los criterios
“naturalizados” con los que el orden social y económico se ecualiza. La moral y lo ideológico son los modos del discurso que establecen el denominador que nos hace comunitarios, en ese sentido lo “natural” aspira a convertirse en una pauta de comportamiento que sanciona o aprueba lo que hacemos o queremos. No digo que no sea necesario que tengamos valores, el problema empieza cuando uno sospecha que esos valores con alto contenido ideológico son impostores.
La idea subyacente al orden natural es la apelación a un régimen legal que rige a la naturaleza pero que es sobrenatural.
La única identidad entre hombre y naturaleza, o lo que de natural hay en el hombre, es precisamentetodo aquello que el fundamentalismo naturalista no reconoce en la propia naturaleza: el poder de cambio, de adaptación y la dinámica que conlleva la interacción de fuerzas.
No hay evidencia de una ley originaria e inmutable que pueda funcionar como modelo de ética que no sea la libertad como necesidad creativa para la supervivencia. Si es ejemplo de algo, lo natural, es de lo imprescindible que es la libertad de acción para darle chances a la vida para enfrentar a los fuerzas inestables de lo natural.
Lo natural se instituye moralmente como un férreo nexo para anclar en lo establecido y ponerse asalvo de la dinámica inestable, imprevisible y cambiante que es la vida. Lo natural se postula comoel sentido común que simplifica lo complejo recurriendo a las intuiciones más elementales
alimentadas por el rechazo a la crítica (a las dudas y a las sospechas).
Lo natural juega un papel específico para inhibir nuestras conductas, todo lo que hacemos debe
pasar por el tamiz moral de lo natural, siendo éste un universal que sólo se concretiza en la voz
sentenciosa del sujeto que enuncia. A mi modo de ver no hay manera de ser más natural que siendo
hombre, recurriendo en lo más básico a nuestro instinto de supervivencia y resistencia y apelando a la libertad y el cambio.
lunes, octubre 15, 2018
Un único método para todos los caballos?
Un único método para todos los caballos?
Un esquema rápido para clasificar los caballos puede consistir en un cuadro de doble entrada donde se combinan estructura física y carácter. Caballos de carácter dócil o fuerte y caballos de estructura liviana o pesada. Estas combinaciones elementales rapidamente ilustran que no hay un único caballo... aquí ya tenemos cuatro. Y la combinación puede aumentar en una progresión geométrica si empezamos a considerar otras características tanto físicas como de personalidad. Caballos de cuello largo o corto... de grupa mas alta que la cruz o a la inversa; largos o cortos de lomo; despegados del piso o con miembros cortos; de carretillas y mandíbulas grandes o finas; etc. Y caballos linfáticos o nerviosos; asustadizos, paranoicos o sumisos y calmos; y un largo etc de comportamientos.
De ello se desprende que no es posible pensar o aplicar un único método o técnica sin evaluar estas características porque los caballos son diferentes.
La diversidad tan valorada queda velada cuando se aplica un único criterio.
Un esquema rápido para clasificar los caballos puede consistir en un cuadro de doble entrada donde se combinan estructura física y carácter. Caballos de carácter dócil o fuerte y caballos de estructura liviana o pesada. Estas combinaciones elementales rapidamente ilustran que no hay un único caballo... aquí ya tenemos cuatro. Y la combinación puede aumentar en una progresión geométrica si empezamos a considerar otras características tanto físicas como de personalidad. Caballos de cuello largo o corto... de grupa mas alta que la cruz o a la inversa; largos o cortos de lomo; despegados del piso o con miembros cortos; de carretillas y mandíbulas grandes o finas; etc. Y caballos linfáticos o nerviosos; asustadizos, paranoicos o sumisos y calmos; y un largo etc de comportamientos.
De ello se desprende que no es posible pensar o aplicar un único método o técnica sin evaluar estas características porque los caballos son diferentes.
La diversidad tan valorada queda velada cuando se aplica un único criterio.
martes, mayo 08, 2018
La impulsión
El concepto de impulsión es muchas veces mal interpretado. Vulgarmente se lo considera como el empuje y la voluntad de avance del caballo asociándolo con la idea de velocidad. Sin embargo técnicamente la impulsión debe considerarse en función del tiempo de suspensión del trote y el galope. Así es posible comparar que hay caballos que parecen tener buena impulsión pero en realidad su regularidad se ve afectada por la pérdida de suspensión y elevación de los aires.
viernes, julio 15, 2016
RITMO Y REGULARIDAD
Regularidad y ritmo en equitación no son lo mismo.
La regularidad refiere a la conformidad de los trancos del caballo de acuerdo a su naturaleza. El ritmo en cambio alude a la frecuencia con que se repite la regularidad. Así resulta que puede haber regularidad sin ritmo y ritmo sin regularidad. Por ejemplo un caballo impulsado por demás precipita su ritmo pero no pierde la regularidad.... Y también puede tener ritmo, con el piaffe por ejemplo, perdiendo la regularidad porque pierde el momento de suspensión.
BALANCE Y EQUILIBRIO
Puede ser interesante revisar y ponderar estos dos conceptos.
El equilibrio es la situación de un cuerpo que no ofrece resistencia para recibir un impulso o conducir el movimiento en cualquier dirección. Supone una respuesta rápida y ágil que pone de manifiesto la habilidad del caballo para llevar su cuerpo en una dirección u otra sin desacoplarse ni perder la regularidad ni el ritmo.
El balance en cambio alude más sencillamente a una igualdad de pesos. Sabemos que el caballo tiene repartido su peso con una una sobrecarga en el tren anterior en una proporción de 60/40%. Buscar el balance es pues procurar que esta proporción tienda cuanto menos a la igualdad en una progresión que finalmente remate en el equilibrio.
De esta manera el balance es una condición de posibilidad del equilibrio.
jueves, diciembre 05, 2013
La política de la cortesía
La política de la cortesía
Casi siempre cedo a la tentación de pensar en la equitación como una alegoría de la política (y viceversa). Es que desde cierto punto de vista me parece razonable pensar la relación con el caballo como una política.
También me doy cuenta que sostener la comparación entraña riesgos de interpretación: porque... qué es la política? Supone necesariamente cuestiones de poder? Y qué es en última instancia el poder?
Por ahora me quiero conformar con hacer esta diferencia: la política puede ser entendida entre dos extremos derivados ambos de la raíz etimológica polis. Un extremo es la política como policía y el otro la política como politesse, cortesía.
La política como policía supone que la ley se desnuda y deja la vista la violencia que la estructura pero, como salta a la vista, la policía pocas veces previene y siempre anda a las corridas detrás de lo ya ocurrido. Es propio de la policía como política el disciplinamiento correctivo que siempre llega a destiempo y es más la expresión de un fracaso.
En cambio, si en algún aspecto puede ser válida la comparación artificiosa que propongo, la cortesía (politesse) supone acordar los términos del trato. La cortesía procura un protocolo de forma y respeto que enmarque las condiciones de la deliberación. Es sin duda un ejercicio propio de la razonabilidad reflexiva cuya estrategia en términos de la teoría de juegos debería ser ganar/ganar.
La cortesía supone, en el trato con el caballo, que dialoguemos y que no impongamos nada por la fuerza para formular los términos del contrato.
Ahora bien, enfocándonos más en la práctica ecuestre, el contrato es la ley y esa ley son las manos del jinete. Manos que no deberían estar dispuestas para dirigir ni para imponer policialmente el orden y la disciplina sino para dar el marco de ecuanimidad indispensable para que el caballo confíe en el sistema que se le propone. Si la mano del jinete se despliega como una tropa de gendarmes es fácil concluir que la relación estará planteada en términos autoritarios que más temprano que tarde apelarán a la violencia para imponer algún criterio; de hecho, la violencia es el presupuesto necesario para que la mano actué policialmente.
La política con el caballo debe ser cortés, la mano debe ser la ley que nos rige a todos, al caballo que confía en ella porque asi sabe a qué atenerse y al jinete para quien también debe ser un límite de caballerosidad. La politesse es un acuerdo, un contrato, un ponerse de acuerdo para llevar las cosas hacia la armonía del entendimiento mutuo y en ese escenario la ley debe regir para todos por igual.
Alejandro J.G. Hernández
sábado, agosto 18, 2012
La educación y el placer
Los manejos naturales se popularizan. Por un lado esto sirve
para demostrar que no se trata de habilidades singulares sino de un saber-hacer
que viene con nuestro bagaje genético. Ni tan siquiera se trata de aprender una
técnica, sino tan sólo de recuperar una manera de estar en el mundo y con el
mundo. Los caballos, en su noblez,a nos procuran una puerta de acceso.
Sin embargo y a propósito de estas prácticas cada vez más
difundidas me parece necesario remarcar algunos aspectos y consideraciones que
deberíamos tener en cuenta.
Esto supone revisar la cuestión a partir de dos ejes: uno,
referido a los efectos de las hormonas del placer (las endorfinas) y el
adiestramiento por medio de actos reflejos; y dos, algo que se desprende de lo
primero, cierto abuso en el que podríamos recaer al incurrir en un sobremanejo
del caballo.
A esta altura no es novedad saber que las endorfinas se
segregan a propósito de una situación límite como inhibidoras del dolor. En los
mamíferos esto lleva a una respuesta nihilista que suprime toda respuesta
defensiva e inunda de sensaciones placenteras que velan los padecimientos ante
el riesgo. Según dicen, los maratonistas por ejemplo, alcanzan este nivel que
les permite seguir corriendo a pesar del esfuerzo, embargados de una sensación
placentera.
En lo que concierne a los caballos es sumamente fácil
inducir este estado sin recurrir a violencia alguna, lo que supone un alto
nivel de intoxicación que los sume en un momento de “bienestar”. Se muestran
relajados, altamente sumisos y absolutamente insensibilizados.
Alcanzar este estado permite al manejador inescrupuloso (o
ignorante de lo que está provocando) hacer gala de sus “habilidades”… montar un
potro, pararse en el anca… en fin, una serie de “destrezas” que sugieren un
poder extraordinario. Pero sin embargo, en estas demostraciones de merchandising, no veremos nunca al
manejador salir ni tan siquiera al paso con el caballo.
El caballo es manso, pero está dispuesto naturalmente para
enfrentarse a las situaciones que lo amenacen, a huir ante lo desconocido… a
desconfiar, e inhibir este estado de conciencia no debería ser natural. El
trato con nuestro caballo tiene que evolucionar a partir de la conciencia del
caballo y no de un estado de sumisión inducida porque esto no nos categoriza mejor
que el más cruel de los manejadores tradicionales.
En este mismo sentido la educación mediante prácticas
estimuladas por actos reflejos supone abusar de la sensibilidad del caballo.
Educar no puede ser equivalente a adiestrar en estos términos. Sacar partido de
la sensibilidad espontánea del sistema nervioso somático del caballo lo reduce
a manifestarse unicamente por las reacciones de su médula espinal, sin que
ninguna información o interacción con el medio sea procesada por el sistema
nervioso central, es decir su cerebro. Queda claro entonces que este tipo de
adiestramiento no supone capacitar al caballo ni estimularlo a tomar
decisiones. Lo introduce en una suerte de programa de automatización.
He señalado estas dos alertas porque suelen ser prácticas
que encubren, por detrás de un “manejo natural”, un abuso quizás más
reprochable que el que le recriminábamos a los tradicionalistas. Y digo más
censurable por dos razones.
Una, porque la inteligencia puesta en práctica está dirigida
a sacar partido de una desigualdad manifiesta: el hombre actúa con handicap, dispone de recursos,
herramientas y técnicas a su favor que antes de la interacción con el caballo
ya están operando sobre el animal. Estas prácticas reinstalan la soberbia en
términos de la dialéctica de un “vencedor” y se apartan de la noción de
contrato consensuado. La ausencia de discernimiento en el caballo por la
inhibición de respuestas, vicia de nulidad todo el asunto. Endorfinas y actos
reflejos pueden ser más agraviantes y peligrosos que una jineteada.
Y en segundo lugar digo que son censurables por el peligro
que entrañan… A pesar del aspecto pacífico con que se aborda al caballo, muchas
veces hay que tener en cuenta que los caballos así trabajados no suelen ser
apropiados para cualquier jinete y mucho menos si no está advertido del tipo de
entrenamiento a que ha sido sometido. Si no se hace un recorrido tradicional
-en el sentido de habituar al caballo a todo el ambiente humano-, las sorpresas
estarán a la orden del día.
Hemos dado o venimos dando una interesante batalla contra
las prácticas tradicionales porque entendemos que no vale la pena poner en
riesgo la vida ni la integridad física y moral del jinete ni del caballo. Sostenemos
que hay prácticas más inteligentes que permiten una gran economía de esfuerzo y
que sirven para preservar al caballo y al jinete. Sin embargo creemos necesario
hacer la advertencia sobre las consecuencias muchas veces no queridas que
dichos manejos pueden acarrear. Como hemos indicado, no sólo el abuso con ribetes
comerciales sino también el riesgo que supone trabajar con caballos que han
sido adiestrados en estados de sumisión psicológica son límites que deben
advertirnos de nuestros posibles abusos
Como me ocurre habitualmente, no puedo evitar que algunas reflexiones
a partir de los caballos tengan resonancia y paralelismo con la propia
idiosincrasia humana y sus comportamientos políticos y sociales. La educación y
el placer son armas de doble filo.
viernes, marzo 09, 2012
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