jueves, octubre 01, 2020

De las endorfinas y la moral

 


Hay discusiones que como mar de fondo están siempre agitando las aguas, de vez en cuando salen a la superficie.

¿El conocimiento teórico debe prevalecer sobre el práctico? ¿El conocimiento objetivo está por encima del emocional? ¿Todo ello tanto como la intención de gobernar las prácticas humanas con leyes formuladas bajo el imperio del rigor científico?

La ciencia describe a partir de sus criterios y categorías ciertos aspectos de los fenómenos de la realidad. En principio me gustaría decir que ningún principio moral se puede inferir de la ciencia objetiva. La ciencia sólo formula hipótesis falsables y cualquier intento de hacer valer estas hipótesis como verdades termina por constituir un dogma. Cualquier ensayo en este sentido deviene en una manipulación moral que presume que la certeza científica está por encima del comportamiento humano a la hora de buscar el bien o perseguir la felicidad.

Un claro ejemplo de las complejidades muchas veces contradictorias de esta problemática es el desarrollo de las llamadas ciencias humanas, aquellas que tratan de encontrar leyes fundamentales a la hora de regir el comportamiento humano y social. Tanto sea en el ámbito de la psicología, sociología, historia o política el conocimiento científico acaba envuelto en una cinta de Moebius porque el objeto se vuelve sobre si mismo, no hay historia de hechos que nos hablen del quehacer humano sino que la historia misma es un fenómeno humano; no hay manera de que el hombre tome distancia de si mismo para observarse como objeto de estudio.

En este sentido, las prácticas humanas suelen definirse como arte, es decir, una poética que combina el saber con el ingenio, la creatividad con la inteligencia; la habilidad, la práctica y el entrenamiento con la oportunidad; el ensayo con el error. La actividad humana está siempre inscrita como fenómeno, determinada por las circunstancias y por el libre albedrío.

Mucho se habla, hoy por hoy, de la neuroendocrinología, de la dinámica neuronal y los flujos hormonales. Pareciera que estos estudios hubieran dado con el Santo Grial, con la piedra filosofal y que tantos misterios sobre el comportamiento humano están al alcance de ser develados. Son singularmente significativas las implicancias que estos estudios postulan sobre el placer y el dolor; en definitiva sobre la felicidad y las cuestiones morales vinculadas tanto al bien como a los vínculos sociales. Sin duda uno podría decir que es algo desmedido.

Seguramente se pueden decir muchas cosas sobre todo esto pero para circunscribirnos al trato ecuestre estos parámetros deberían ser suficientes. La ciencia nunca ceja en su avance sobre el arte, le quita el sueño no poder explicar lo inefable, aquello que encarna la singularidad humana; y este más allá siempre esquivo muchas veces es esgrimido como la causa de nuestros pesares. La “novedad” en los reproches por el “maltrato” con que el humano somete al caballo ahora se esgrime con argumentos “científicos”. El domador, jinete, según la ciencia, no sabe lo qué hace.

El problema no es que esta afirmación no sea del todo cierta, los problemas se presentan cuando verdades a medias pretenden imponerse como verdades absolutas. Algo de cierto hay en que no sabemos por qué hacemos lo que hacemos, pero eso es propio no solo de la condición humana sino justamente de la diferencia y distancia entre el saber y nuestra naturaleza.

La ciencia con tono admonitorio nos reprocha porque deberíamos saber qué pasa a nivel endocrinológico en el caballo durante el entrenamiento y el aprendizaje. Desde luego que nadie debe renegar de adquirir y manejar información pero lo que queda fuera de juego es la pretensión de añadir a través de esa información una sanción moral.

Que las amígdalas cerebrales procesan dolor y placer, que las endorfinas inundan el flujo sanguíneo y pueden provocar un reflejo de indefensión o que la oxitocina promueve un reflejo de empatía y pertenencia, por un lado son sólo datos fríos que no explican ningún fenómeno, son fotos, radiografías que sacan de contexto el proceso de aprendizaje y socialización, y por otro abren una inquietante incógnita sobre los manejos y manipulaciones que se podrían implementar a partir de la dosificación de estas hormonas. Sin ir muy lejos es sabido que los maratonistas enfrentan el esfuerzo gracias a las endorfinas que segregan, una suerte de anestesia que apareja una sensación placentera que incluso provoca adicción.

¿Que es bueno saberlo? Sin duda, porque es útil saber que un caballo puede estar, en determinado momento, bajo la influencia de algún proceso químico, que hay un sistema que atesora las percepciones y experiencias y se convierte en memoria, tanto como poder discernir si conviene más aprovechar la curiosidad del caballo o aplicarle presión y saber evaluar el tacto y la oportunidad (cálculos que no dependen de lo cuantitativo que mide la ciencia sino de lo cualitativo que sólo puede ser intuido por la sensibilidad humana.)

La ciencia puede explicar dónde residen el miedo y el placer pero no puede decir por qué lo que es placentero es tal, o lo es para mi y no para otro, o por qué lo que a unos atemoriza a otros estimula. Los procesos químicos son diversos y complejos y están articulados unos sobre otros sin poder afirmar dónde empieza cada proceso y se debería tener como como premisa que son procesos que tienden al equilibrio, a reponer la homeostasis del sistema nervioso. Todos hemos tenido experiencias que demuestran que antes de un momento de placer hemos sentido miedo o que, aún, a veces evitamos el placer por miedo o controlamos el exceso por no soportar tanto placer. Pero la ciencia no sabe decirnos qué es placentero para el caballo, sólo es capaz de pronunciarse negativamente sobre el malestar que genera la doma y el entrenamiento; que la única moneda de intercambio es el agua y la comida como premio o refuerzo positivo y que las manifestaciones de relajación y ostensible bienestar del caballo son respuestas al estrés que ha padecido por el manejo. Lo que veo en estas proposiciones es una reducción del caballo a un estado muy elemental, que no considera las cualidades que enriquecen los vínculos simbióticos entre el animal y el humano y en última instancia, al no poder reconocer lo que le puede dar placer al caballo, prácticamente lo cosifica. Los procesos de aprendizaje nos cambian y a lo largo del tiempo incluso provocan cambios en el programa genético, el caballo moderno es el resultado de la interacción con el hombre que ha favorecido el desarrollo de su potencial genético.

 


Los procesos químicos pueden ser considerados un engranaje de la maquinaria del conocimiento y de la memoria pero no lo son todo y mucho menos se puede inferir de ello algún principio moral para juzgar la práctica ecuestre.

La ciencia es, mientras no se falsea, información sobre cierto aspecto de la realidad pero la doma es un arte que se despliega en la conjunción y relación de dos seres vivos que están creando una nueva realidad. Las sanciones morales nunca pueden estar actualizadas hasta tanto no se conoce el nuevo acontecimiento. Solo cuando se hace posible lo imposible, es decir, cuando se interviene en la realidad para provocar un cambio o una novedad, se abre el ámbito moral. De otro modo, la teoría, puede correr el riesgo de ser prejuiciosa o instituir dogmas.

viernes, agosto 21, 2020

Recomendaciones de Virgilio en el Libro III de las Georgicas

 




I.

El mismo cuidado has de tener con los caballos: desde muy tiernos han de ocupar tu atención los que destines a perpetuar su especie. El potro de buena casta lleva siempre en la dehesa la cabeza levantada y bracea con gallardía; siempre va delante de los demás, es el primero a aventurarse en un río peligroso o en un puente desconocido, no se espanta de vanos estrépitos, tiene la cerviz erguida, la cabeza sutil, el vientre corto, la grupa carnosa, muy abultado el animoso pecho. Son excelentes los alazanes y los bayos; los peores son los blancos y los cenicientos. Si oye el buen potro a lo lejos ruido de armas. no acierta a estarse quieto, aguza las orejas, todos sus miembros se estremecen y arroja por la nariz fuego en vez de aliento. Ondea su espesa crin sobre el brazuelo derecho, el espinazo le forma una canal en medio de los lomos, escarba la tierra y la hace resonar fuertemente con el recio casco. Tal era Cilaro, domado por las riendas de Pólux Amicleo; tales fueron los dos caballos del carro de Marte; tales también los del carro del grande Aquiles, tan celebrados por los poetas griegos. Tal pareció el mismo Saturno cuando, en figura de caballo, sacudió la crin al ver llegar a su esposa, y en su rápida fuga, llenó con agudos relinchos el alto Pelión.


II.

Cuando empezare a decaer el caballo, vencido de enfermedades o de los años, métele en la caballeriza y da descanso a su noble vejez. Frío ya para la monta el caballo viejo, vanamente se empeña en un afán ingrato, y cuando llega a la amorosa lid, arde sin fruto, cual fogarada de paja. Así, pues, atiende ante todo al brío y a la edad del caballo padre; cerciórate de su raza y cualidades, de si es sensible a la ignominia del vencimiento y a la gloria del triunfo. ¿No has observado, cuando en la lucha se lanzan los carros al palenque, disparados de las barreras, cómo exalta a los mancebos el ansia de vencer, y cuál les palpita el corazón al temor de la derrota? Con el retorcido látigo aguijan a sus caballos, y echado el cuerpo hacia adelante, les largan toda la rienda; vuelan los ejes, hechos brasa. Ya se los ve cabizbajos; ya, soberbiamente erguidos, parece que, arrebatados por los vientos, van a remontarse a los espacios etéreos. No hay tregua, no hay descanso; levántanse remolinos de roja arena; la espuma y el resuello de los tiros que los siguen mojan sus espaldas. ¡Tanto los punza el amor de la gloria y el afán de vencer!


III.

Esto observado, y atentos a la estación conveniente, ponen los criadores todo su cuidado en engordar con pingües pastos al caballo que eligen para cabeza y padre de la yeguada; para él cortan las primeras hierbas y le dan puras aguas de río y mucha cebada, a fin de evitar que sucumba a las dulces fatigas a que está destinado y que se reproduzca en una prole desmedrada y lánguida la debilidad del padre. Al mismo tiempo se procura que enflaquezcan las yeguas, y cuando empiezan a aguijarlas los ya probados ardores del deseo, hay que quitarles el forraje y apartarlas de las fuentes; a veces se les quebrantan los bríos haciéndoles dar largas carreras al sol a la hora en que se baten en la era las trilladas mieses y revuelve el céfiro en el aire las livianas pajas. Hácenlo así, a fin de que una excesiva gordura no estreche en las hembras el camino de la generación, antes reciban sedientas su germen fecundo y lo absorban en sus recónditos senos.

Después que hubieren parido, convierte todo tu cuidado hacia los becerros. Lo primero es imprimir les con un hierro candente la marca de su torada y la señal que indique los que se destinan a la reproducción y los que se guardan para ofrecer sacrificios en los altares o para arar los campos y revolver la tierra erizada de quebrantados terrones; los demás se sueltan a pastar en los verdes prados


IV.

Pero si te inclinas más a las cosas de la guerra y a los fieros escuadrones, o a deslizarte en un rápido carro por las orillas del Alfeo de Pisa o en el bosque de Júpiter, pon tu principal cuidado en la cría de caballos, acostumbrándolos a ver armas y escaramuzas bélicas, y al ruido de los clarines y al rechinar de las ruedas, y a oír en la cuadra el retintín de los frenos; alborócenlos también cada vez más los elogios de su dueño y las sonoras palmadas con que, al celebrarlos, les acaricie el cuello. A todo esto debe hacerse apenas destetado, y a presentar de grado la boca al blando cabestro, aunque sin fuerza aún, tímido e inexperto; pero, cumplidos los tres años y entrado en los cuatro, es menester que aprenda a dar vueltas, a echar el paso a compás y a doblar alternadamente los brazos cual si con ellos fuera a cavar la tierra. Desafíe entonces a los vientos en la carrera, y volando por el campo sin límites, como si no llevara riendas, estampe apenas sus pisadas en la superficie de la arena, semejante al aquilón cuando se precipita furioso desde las regiones hiperbóreas y dispersa los turbiones y las áridas nieblas de la Escitia. Las altas mieses y las pobladas campiñas se estremecen a su apacible soplo, crujen las copas de los árboles, y largas oleadas van a estrellarse en las riberas; vuela él en tanto, barriendo juntamente en su carrera los campos y los mares. El caballo así enseñado o brillará en los estadios de la Élide, revolviendo en la boca una sangrienta espuma, o arrastrará con el flexible cuello el guerrero carro de los belgas. Una vez domados tus potros, ya puedes dejar que engorden, dándoles abundante pienso, mas no antes, pues entonces cobran sobrados fuegos y se resisten al castigo y al duro freno por más que se los sujete. Pero el medio mas seguro para dar vigor, así a los toros como a los caballos, es tenerlos apartados de las hembras y de los estímulos del ciego amor.

jueves, abril 30, 2020

Elevar la cruz

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martes, abril 14, 2020

Pilates


Un poco de gimnasia para la flexibilidad de los posteriores,  equilibrio y propiocepción.

viernes, noviembre 15, 2019

miércoles, octubre 23, 2019

Acerca del contacto


Qué hay que entender por un contacto suave, firme y parejo?
Primero hay que decir que  los conceptos de equitación están todos relacionados y que definir cada uno depende de los otros porque se trata de un sistema.
En la imagen se muestra una tabla de entrenamiento que trata de ilustrar cómo deberia ser la progresión del adiestramiento, o también cuáles son los pilares fundamentales de la construcción de un caballo domado.
Hay que decirlo también, que no todos aceptan este esquema pero nos sirve como referencia y funciona, como decíamos, de modo que un concepto de la escala supone a los anteriores.
En la base está la regularidad o el ritmo.  Si bien no es el mismo concepto tomemos en general que lo básico es que los aires del caballo sean regulares (que el caballo no descomponga el aire) y mantenga un ritmo... si es tango, tango... si es cumbia, cumbia.
Lo que sigue es la soltura... y también otras ideas relacionadas como relajación y flexibilidad. Se trata de que el caballo se muestre natural y permeable.
Lo tercero es la impulsión o voluntad de avanzar.
En cuarto lugar aparece el contacto.
Primero es interesante ponerse a pensar qué significa contacto. En una versión en inglés el concepto es "conexión"...
En este sentido, contacto es que todas las partes del caballo estén conectadas y que todos los elementos observados hasta aquí estén actuando armonicamente.

En general se suele confundir la idea de contacto con la conduccion de la mano y la relación de la boca del caballo con la embocadura. Lo que ocurre es que la boca del caballo es el síntoma de como está el contacto.

Entonces: un contacto suave, firme y parejo quiere decir que el caballo marcha suavemente con soltura, con firme voluntad de avanzar y con regularidad.

Una observación más... la relación de la boca del caballo con la mano del jinete es un aspecto diferente que a veces se confunde con la idea de contacto.
En el desarrollo del entrenamiento el caballo pasa por un momento donde busca apoyarse en la mano como si necesitara ayuda para no perder el equilibrio. Este apoyarse se va corrigiendo hasta alcanzar el nivel de equilibrio que ya no necesite del apoyo. El fin de una doma es que las riendas puedan ir colgando y el caballo sea capaz de llevarse por si mismo.

martes, octubre 22, 2019

Educar, entrenar, adiestrar o domar?

Se educa, entrena o adiestra un caballo?
Mucho depende de qué contenido le demos a los conceptos de educación o adiestramiento...
Para hacer una diferencia yo prefiero el término doma porque me parece más dialéctico.
Supone la interrelación entre las dos partes y el consecuente cambio de cada una.
En la educación o adiestramiento la cosa está planteada en términos de un sujeto educador o adiestrador y un objeto que será acondicionado. En esta relación el sujeto permanece siempre igual a si mismo y el objeto es el único que debe cambiar.
En la doma, el hacer doméstico, incorporar al domo, la casa, supone que ambos lados de la relación cambian... el lobo deja de ser lobo y se convierte en perro y el hombre hace propias ciertas facultades del perro.
Domar un caballo supone desde luego provocar un cambio en el caballo pero también en nosotros porque una vez que el caballo entra en nuestra casa ya no somos los mismos.

viernes, septiembre 13, 2019

miércoles, septiembre 11, 2019

martes, junio 25, 2019

Las domas etológicas y la sociedad del control


Para aquellos que creen que la filosofía no tiene una proyección práctica sugiero que consideren lo que Foucault señala como el pasaje de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control y lo transporten al ámbito de la práctica ecuestre.

No hace mucho que el concepto de disciplina era el que regía no sólo como modelo ejemplar de comportamiento sino que, de manera más amplia, se imponía para toda práctica. Toda actividad era en sí una disciplina y aún hoy heredamos este concepto para referirnos a la equitación en general y sus “disciplinas” en particular.

El rasgo por excelencia de toda disciplina es el acondicionamiento del cuerpo: la milicia, los deportistas y los alumnos aprenden a formarse y a gobernar sus cuerpos bajo un régimen riguroso de repeticiones y entrenamiento forzoso marcado por el ritmo implacable de un instructor.

Si bien este modelo perdura (en especial en lo que al acondicionamiento del cuerpo se refiere en virtud de dietas, gym y estéticas) está eclipsado por otro criterio que aparece en primer plano y hace gala de cierta emancipación; nos hemos liberado de ciertas constricciones morales que nos apretaban y ahora andamos en zapatillas.

A modo ilustrativo para comparar aquel modelo disciplinante con un régimen de control se puede decir, por ejemplo, que al momento de diseñar una plaza los senderos por los que habrían de transitar los caminantes para no pisar el césped ya no se trazan sino que se dejan librados al uso espontáneo de la gente, de tal modo que, al cabo de un tiempo, el libre albedrío acaba diseñando senderos bien determinados.

Probablemente nos sintamos más cómodos eligiendo nuestro camino en lugar de vernos obligados a circunscribirnos a lo que manda un rector; el constructivismo pedagógico hace gala del beneficio que reporta que cada uno haga su experiencia desde cero sin verse constreñido a repetir insensatamente las tablas de multiplicar. Tenemos la sensación que tomamos decisiones según nuestro arbitrio y antojo pero estas conductas ahora encajan en patrones estadísticos que resultan mucho más eficientes a la hora de predecir nuestros movimientos.

Paradójicamente, en la sociedad disciplinaria la respuesta indisciplinada era imprevisible, en la sociedad de control no hay respuestas imprevisibles, todas están catalogadas estadísticamente y se considera que las manifestaciones aberrantes o extremas no afectan al término medio que hay que fomentar.

Ahora veamos cómo se lee esto en las prácticas ecuestres, más particularmente en lo que concierne a la doma e iniciación de los caballos. La tradición era y es marcadamente disciplinante. Sólo alcanza con echar una lectura a cualquier manual de equitación y tanto lo referido a la compostura del jinete como lo que tiene que ver con la ejecución de los ejercicios que realiza el caballo, todo aparece puntualmente detallado. Pero en particular el fundamento del éxito se basa en la necesidad del entrenamiento gimnástico y la repetición que son, como vimos, rasgos evidentes del orden disciplinario.

El cambio de paradigma introdujo la novedad de los manejos etológicos avalados por un imperativo moral y ético insoslayable: no dañar al animal, respetar su naturaleza y libertad. Principios que nadie en su sano juicio se atrevería a objetar.

Ahora bien, sin duda se ha ganado mucho en lo que al buen trato del caballo se refiere pero nadie (o muy pocos y alguno de ellos con un celo excesivo que lo vuelve aberrante) ha reparado en cómo la proscripción de lo disciplinante ha sido la puerta de entrada del control.  Los nuevos manejos replican este cambio de lo disciplinante por el control: se “maneja” el caballo en libertad (vaya eufemismo) pero nadie se monta un caballo sin tener la certeza de tenerlo bajo “control”. Se reemplaza un hierro en la boca por una hociquera y a pesar de saber que donde actúa la hociquera hay una infinidad de terminaciones nerviosas muy sensibles, luce más respetuoso que un bridón. Se intimida al caballo con cataratas de plásticos y fanfarrias de ruidos hasta aturdirlo pero es nada más que desensibilización para su propia seguridad. El caballo como una mosca atrapado en la red de la araña. Y si bien la palabra “liderazgo” ya ha sido puesta en el banquillo de los acusados, todavía está vigente bajo formas paliativas que tratan de reformular el concepto pero no la realidad.

Pero a qué apuntamos? Estoy convencido que, sin violar los mandatos éticos, al caballo hay que abordarlo garantizándonos un margen de seguridad tanto como que para llevar adelante algunas prácticas especificas hay que imponerse uno e imponer al caballo disciplina y control.

El ejercicio crítico que nos propusimos consistió en revisar cómo en la iniciación del caballo se ha dejado la disciplina rigurosa para asumir ahora una responsabilidad ética supuestamente más armoniosa. Y al mismo tiempo hemos trazado un hilo conductor subyacente con el que comparar la política de la doma con la política de nuestra sociedad. Como dije, considero siempre necesario un orden ético al que atenerse porque no hay libertad sin responsabilidad pero es igualmente necesario hacer la crítica de aquello que se difunde como reformista y progresista mientras no hace sino perfeccionar los sistemas de vigilancia y sumisión a un liderazgo. Hemos pasado de una sociedad a otra, de la disciplina al control; en estas líneas no se puede tan si quiera indicar la serie de implicancias y alcances de estos cambios y mucho menos hacer un balance. Es posible que nos sintamos más cómodos sin uniformes pero no parece que eso sea representativo de una mayor libertad porque, y esto es lo que quiero destacar, el argumento de la libertad es falaz, solo viene a homologar la racionalidad del liderazgo bajo la forma del control y de una moralidad persecutoria. Ahora somos más libres pero sometidos a mandatos morales intransigentes mucho más estrictos que cualquier disciplina.

jueves, junio 20, 2019

miércoles, mayo 15, 2019

Repercusiones públicas de una primera monta

ver video en
https://www.facebook.com/alejandrojghernandez/videos/10210279658334988/


No es la primera vez que pasa pero ahora puede sacar una conclusión.
Si uno muestra una primera monta de un caballo relajado las opiniones van entre la desconfianza de que realmente sea la primera vez o el comentario desencantado que dice "ahh... pero salió mansito".
Parece ser que la doma para poder ser apreciada debe mostrar un momento de tensión, la evidencia de un riesgo que implica un desafío cuerpo a cuerpo, una lucha y la consumación de una victoria del jinete sobre el caballo.
La doma sigue siendo para muchos como dicen los americanos "to brake", quebrar y si no se escucha el ruido cuando se vence la voluntad del animal no sirve.
La violencia no está en el maltrato, golpear o aplicar técnicas agresivas, la violencia sigue estando en nuestra manera de entender.

martes, mayo 07, 2019

Transiciones al alto

En estos videos se puede ver el trabajo de las transiciones al alto. Primero a la cuerda usando la posición del cuerpo (trote y galope), luego con dos cuerdas tratando de hacer uso de la rienda externa y finalmente montado.







sábado, marzo 23, 2019

De los espejos

La equitación como vínculo con el caballo supone la voluntad de cambio a partir de uno mismo como un otro...  Por eso en todo picadero es necesario un espejo.

martes, febrero 05, 2019

Un poco de espalda adentro

Con Aramis Cool flexión lateral y espalda adentro.


jueves, enero 24, 2019

El sentido de oportunidad en la doma







Hay infinidad de técnicas que se pueden enseñar o transmitir pero sin embargo en el arte de la doma y la equitación la suma de todas las técnicas no siempre resulta en una práctica de excelencia.
Ayer, un amigo filósofo me recordó el concepto de oportunidad que los griegos llamaban kairos. Lo primero que sabemos de la oportunidad es que la pintan calva por lo difícil que es atraparla.
Si pensamos en la doma, la oportunidad es una idea clave pero no es de aquellas que se pueden enseñar. Se le puede decir a alguien que esté atento a la oportunidad, se le puede indicar: "Ahora!" cuando es el momento más favorable para aplicar una ayuda, pero darse cuenta por sí mismo cuándo es el momento oportuno para actuar (o no actuar) depende del desarrollo de la intuición.
Como el arte del buen fotógrafo que captura el momento del gesto preciso que expresa un sentimiento o la singularidad de la escena porque reúne en ese instante todos los elementos conjugados en sintonía para un resultado perfecto.
Una intuición que no es lo que comunmente conocemos como espontaneidad irreflexiva sino algo así como un sentido extra que se desarrolla recogiendo todo el conocimiento, toda la experiencia y la sensibilidad.


Resolver con arte el momento de actuar o no actuar, aumentar o ceder en la presión, comprender si el caballo está con nosotros o aún desconfiado, que las ayudas de nuestro cuerpo sintonicen con el equilibrio del caballo... capitalizar el momento de relajación o de la pausa reconociendo los gestos del caballo cuando hace su mejor esfuerzo por entender lo que pedimos... todo ello en un instante en el que debemos decidir nuestro próximo paso.
Todo el recorrido de la doma y la equitación se eslabona a partir de esta serie de decisiones oportunas que a la larga nos permiten cultivar la inteligencia del caballo.
El don de la intuición para captar la oportunidad no se enseña pero es algo que debemos aprender.

viernes, enero 04, 2019

Cuestiones técnicas y flexiones del posterior

Todavía persiste una discusión de contenido ético acerca de si montar a caballo es un abuso sobre los derechos de los animales... creo que es un debate imposible de resolver al menos al día de hoy. 
Por debajo de este principismo moral todavía subyace la discusión sobre la doma tradicional y sus modos violentos de proceder.
A mi modo de ver los caballos son mansos y para incorporarlos a nuestras costumbres los manejos etológicos son muy eficaces y además representan un beneficio en términos de seguridad tanto para el caballo como para el hombre. El caballo gana en confianza y esto redunda en el éxito del amansamiento.
Pero lo que sigue y que especificamente podríamos llamar doma implica un disciplinamiento que ya no puede ser encuadrado bajo términos naturales.
Si bien podríamos discutir largamente sobre qué es natural para el caso no habría problema en conceder que adiestrar y domar un caballo para cualquier disciplina es algo "antinatural"  para el caballo.
Para domar un caballo sin lugar a dudas hay que recurrir a una serie de procedimientos y entrenamientos que fuerzan al caballo a adquirir ciertas habilidades y quedar sometido a la voluntad de quien lo maneja.
En este renglón todavía se dan diferentes métodos atravesados por las discusiones que venimos reseñando. Hay un entrenamiento clásico basado en relaciones físicas de fuerza y equilibrio y un entrenamiento conductista basado en actos reflejos que actúan a nivel del sistema nervioso central sin pasar por el cerebelo.
A este nivel de cuestionamiento ya se pueden discutir aspectos más concretos y pragmáticos.
Hay muchos defensores del buen trato del caballo que se inclinan por este tipo de adiestramiento conductista. Hacen ver que con algunos gestos se logra un lenguaje que el caballo comprende y con buena disposición obedece.
El problema no es investigar si hay o no hay violencia física en el condicionamiento. El caso es que el nivel de sometimiento que exhibe el caballo lo hace ver como un autómata sin capacidad de discernimiento.
En contraposición prefiero las técnicas clásicas en las que el caballo todavía puede manifestar disconformidad y hacer pleno uso de sus facultades.
Todo esto que venimos diciendo para llegar a este punto: la discusión o crítica a los métodos tradicionales no pasa por la violencia porque los métodos alternativos ofrecen un panorama inquietante de temor reverencial y rigor psicológico.
Los que defendemos la monta tradicional debemos hacer el esfuerzo de aprender las razones mecánicas y morfológicas que explican y fundamentan racionalmente el adiestramiento del caballo.
Tenemos que poder manejar los argumentos técnicos que llevan a un caballo a expresar toda su belleza y potencial genético.
No hay pues que oponerse a lo racional... la racionalidad está de nuestro lado.

miércoles, diciembre 12, 2018