jueves, diciembre 25, 2025

La Equitación como Artificio: La Tecnología de lo Invisible



¿Por qué nos empeñamos en usar mal el concepto de Arte? Persistimos en la idea de que el arte es la exhalación de una sensibilidad espiritual o metafísica, una suerte de arrebato subjetivo del alma. Pero, ¿y si el arte fuera, en realidad, la
 ecualización de un sistema de información?

El arte no es una mera expresión; es una tecnología que carga con el peso de una sabiduría para producir conocimiento. Es una herencia que no solo es anterior a nuestra existencia, sino que se despliega ante nosotros como una página en blanco para nuestra experiencia cognitiva.

En esta arquitectura de sentidos, la equitación se revela como algo mucho más profundo que un deporte o una coreografía de fuerza. Es un artificio biológico. Al montar, el hombre y el caballo no solo se encuentran; fundan un sistema de información compartido, un territorio donde cada acción y cada silencio se convierten en un lenguaje común. Aquí, el jinete actúa como un ecualizador: envía señales a través de la levedad del peso y la intención de la postura, mientras el caballo, en un acto de reciprocidad absoluta, devuelve información al sistema para que el humano, a su vez, sea procesado y sintonizado.

Este binomio no es un mando, sino una simbiosis cognitiva. Es un diálogo que trasciende las barreras de la especie para crear un conocimiento compartido que antes no existía. Y esta tecnología que sustenta tal simbiosis no tiene nada de artificial; es la misma tecnología natural que preside el universo. Al igual que el oxígeno y el hidrógeno se rinden a la asociación para formar el agua, o el carbono se vincula con la materia para gestar la vida, la equitación es un fenómeno de armonía de energías entre dos seres que se reconocen en el flujo.

Incluso la evolución puede ser leída como un vasto proceso artístico. La selección natural no es otra cosa que el mecanismo que selecciona y combina las "obras maestras" que mejor logran habitar el entorno. En ese gran lienzo, el arte de la equitación es una manifestación más de esta tecnología primordial, donde la naturaleza se reconoce a sí misma a través de la comunicación y la coordinación.

La naturaleza es, por definición, una obra maestra de arte y tecnología. Los ecosistemas y la biodiversidad son las manifestaciones del arte en su forma más pura y operativa. Y allí, en el centro de la pista, el binomio humano-caballo no hace más que continuar ese proceso creativo: abrir el dique de lo real para que la información eclosione en una novedad que, sin ser necesariamente original, es el suceso más hondo del fenómeno vivo. 





lunes, diciembre 22, 2025

Hablemos de lo sublime





El repudio generalizado a las prácticas violentas en el adiestramiento equino es un mandato ético inobjetable. Sin embargo, la deriva de esta cruzada ha alcanzado extremos que pretenden proscribir toda intervención humana, tildando de "violenta" la sola intención de vincularse con el caballo. Esta postura no solo ignora que el caballo actual es un ser-en-relación con la cultura humana, sino que confunde la violencia con la facultad misma de la vida: el poder.

I. El Poder como Verbo y Condición de Evolución

Para comprender el vínculo con el caballo, debemos desplazar la noción de poder desde su perfil político hacia su esencia operativa. El Ser es Verbo: no es una esencia estática, sino una acción que desactiva la pasividad. El poder es la facultad de hacer, la condición de posibilidad de toda evolución.

Censurar el poder bajo el pretexto de proteger la "naturaleza" del caballo es una contradicción. La domesticación no fue una cárcel, sino un catalizador que permitió al caballo desarrollar un potencial genético sorprendente. Abandonarlo a una supuesta libertad absoluta sería condenarlo a la involución. El poder, como verbo del hacer, es el canal que mantiene activa la red viva del mundo.

II. La Información: Entre la Sintonía y el Ruido

Si el poder es la energía del vínculo, la Teoría de la Información es su gramática. Citando el teorema de Shannon, todo canal tiene una capacidad límite; superarla no genera comunicación, sino ruido.

  • El Caballo como Receptor: Como animal de presa, el caballo vive en un estado de hipervigilancia. Sus sentidos (visión, tacto, audición) son canales abiertos que procesan constantemente el entorno.

  • La Señal Minimalista: La verdadera maestría consiste en ser minimalistas. El exceso de ayudas (riendas, voz, gestos) satura el canal, provocando desconfianza y temor.

  • La Sintonía: La comunicación efectiva es la capacidad de modular la información en una frecuencia que el caballo pueda procesar. Cuando el hombre ajusta el nivel de estímulo y utiliza la repetición rítmica, el caballo relaja su guardia y se produce la sintonía: una conexión donde la información nos in-forma (nos da forma mutua).

III. La Tríada de la Interacción: Real, Ideal y Formal

Para que el agente operativo genere novedad en el vínculo, debe actuar simultáneamente en tres órdenes:

  1. Lo Real (Cuerpo a cuerpo): Es el escenario de la incertidumbre. Aquí rige la "distancia de seguridad". Si intentamos dominar por la fuerza bruta, el caballo —más fuerte y rápido— siempre tendrá la última palabra. El uso de la fuerza es un ruido burdo que ensordece la comunicación.

  2. Lo Ideal (El Objetivo): Son nuestras expectativas e imaginarios. Sin un diseño claro de hacia dónde vamos, el vínculo se disuelve en fantasía. No obstante, el ideal por sí solo es impotente si no reconoce la realidad del otro.

  3. Lo Formal (La Técnica): Son las herramientas y procedimientos. Sin sensibilidad, la técnica nos convierte en autómatas. El tacto es el lenguaje compartido que permite leer los mensajes del caballo y reeducar nuestra propia actitud de depredadores hacia una de interlocutores.

IV. La Disrupción de lo Sublime

Toda irrupción de algo nuevo lleva implícito un rasgo de violencia: es una fuerza que viene a hacerse lugar. Pero esta "violencia" no es abuso, sino disrupción. La libertad es, precisamente, esa capacidad de interrumpir la inercia de dos soledades para crear una realidad tercera.

El vínculo con el caballo inaugura un ámbito donde lo terrenal y lo espiritual se sintetizan. Es un acontecimiento original que nos violenta porque es inefable, porque supera nuestra capacidad de descripción lógica. Esta relación con lo sublime es la que "hace hablar" a todo lo demás.

No debe haber proscripción ética para el acto de darnos forma mutua. Al final, el hombre y el caballo no son objetos aislados, sino la relación misma que los constituye. En esa entrega de confianza y sintonía, el poder deja de ser una amenaza para convertirse en el motor de lo sagrado.

martes, noviembre 11, 2025

Sintonía: Claves para la comunicación entre hombre y caballo


La relación entre el hombre y el caballo ha sido objeto de estudio y reflexión durante siglos. Sin embargo, pocos han abordado esta relación desde la perspectiva de la teoría de la información.

El teorema de Shannon sobre la capacidad de canal nos dice que la información tiene un límite para ser procesada de manera efectiva. Si este límite se supera, se produce **ruido** y la información se vuelve inútil.

 En el caso de la comunicación entre el hombre y el caballo, los canales de información son los sentidos del caballo: visión, audición, tacto y olfato. El hombre envía señales a través de ayudas como riendas, voz, gestos y hasta sabor.

El caballo, como animal de presa, tiene sus sentidos siempre alerta, procesando constantemente la información del entorno. Esto lo hace propenso a la sobrecarga de información y, por ende, al **ruido** que puede provocar incomprensión, desconfianza y temor.

Para evitar este ruido y establecer una comunicación efectiva, el hombre debe ser **minimalista** en sus señales, enviando información clara y concisa que no sobrecargue los canales del caballo y procurar un ambiente o entorno que le permita al caballo relajarse para enfocarse en los estímulos que pueda sugerirle el manejador.

Simplificación de señales y ajustar el nivel de estímulo (cesión a la presión); aprovechar los múltiples canales de información que tiene el caballo (tacto, vista, oído, olfato y gusto) para abordarlo por el que se muestre más permeable; repetición y consistencia de las señales que deben ser presentadas con ritmo y paciencia; todo ello procurando relajación y un entorno adecuado; procurar que el caballo se enfoque en un punto de atención: señal verbal, visual o táctil.

Al lograr esta comunicación efectiva, el caballo se siente **seguro** y confía en el hombre, relajando su hipervigilancia y centrando su atención en las señales del jinete. La relación entre ambos se vuelve una conexión **sintonizada**. La sintonía es la capacidad de modular la información en una frecuencia que sea captada y procesada.


domingo, agosto 24, 2025

Descontracción y flexibilidad



La nueva ola en la doma es heredera de un modelo escéptico que durante buena parte del siglo pasado y lo que va de este se caracterizó por sospechar del conocimiento académico y tradicional.

Siempre ha habido una tendencia juvenil a desafiar la autoridad para procurarse experiencias subjetivas y autodidactas que a la larga sólo implican una pérdida de tiempo.


La falta de crédito a los estudios y experiencias tradicionales es un problema ético tanto como ignorar la historia y la teoría subyacente conlleva a incurrir en errores y retrocesos 


La soberbia intelectual desde los años 60 ha llevado a una especie de "relativismo extremo" donde todo conocimiento previo es cuestionado sin base sólida; la autoridad y la tradición son vistas como opresoras y la realidad misma se vuelve relativa y negociable.


Así las cosas hay conceptos de equitación clásica que se han vulgarizado como se ha vulgarizado gran parte de la cultura al punto de debatir si la tierra es esférica.

Uno de ellos es la descontracción que ahora no es más que una entrada en calor o unos minutos de libres movimientos en un circular con la única finalidad de la “entrada en calor” o la liberación de energías.

Lejos de eso, la descontracción supone un trabajo cuidado y sistemático para relajar y flexibilizar al caballo. Al fin de cuentas, como su propio nombre lo indica, se trata de quitar contracciones.

Flexiones de cuello, flexiones de mandíbula, giros y piruetas, pasó atrás… un protocolo muy razonado que sirve para trabajar algo básico como la flexibilidad y la relajación.

Un concepto básico de la academia tradicional ha sido desvirtuado por menospreciar su contenido técnico y vulgarizado en la práctica en tanto la nueva ola parece haber descubierto los beneficios de la relajación y armonía.


La escala de entrenamiento clásica señala como requisito básico la relajación e incluso a la hora de juzgar considera que la falta de relajación debe ser sancionada con puntajes por debajo de lo regular.

En conclusión, no hay que ser desdeñoso con el conocimiento sino más bien críticos de nuestras prácticas impertinentes que pretenden echar por la borda lo estudiado y tan luego venir a descubrir la rueda.




jueves, julio 31, 2025

Bitless

Bitless


Desde el Inicio de los tiempos se ha dirimido entre una equitación circense y otra atlética basada en un entrenamiento gimnástico diferente de los actos reflejos inducidos por condicionamiento.


La idea de que la equitación bitless es inherentemente más ética que la equitación académica merece ser examinada más de cerca. Si bien la equitación bitless puede parecer una alternativa más compasiva, es importante considerar que muchos caballos bitless han sido entrenados previamente con embocadura o con técnicas de condicionamiento conductista, lo que plantea preguntas sobre la verdadera naturaleza de esta práctica.


El entrenamiento bitless puede basarse en conductismo y actos reflejos, lo que puede llevar a un comportamiento del caballo condicionado y sumiso, más que atlético y natural. Esto puede inhibir la expresión natural del caballo y llevar a un sufrimiento psicológico y físico. Los caballos entrenados con recursos que no respetan su aspecto atlético y equilibrio pueden exhibir resultados circenses que no respetan el desarrollo físico que es necesario para ejercercicio de exigencias físicas importantes.


Además, la difusión de estos modelos puede acarrear problemas y riesgos para quienes se inician en la equitación bitless. Muchos jinetes pueden pensar que simplemente cambiando de embocadura a bitless es suficiente, sin darse cuenta de que el éxito en la equitación bitless depende en gran medida del adiestramiento previo y la comprensión profunda del comportamiento del caballo. Sin la preparación adecuada, los jinetes pueden enfrentar dificultades para comunicarse con sus caballos, lo que puede llevar a accidentes y lesiones tanto para el jinete como para el animal.


Imágenes de caballos que intentan piaffar sin remeter los posteriores y poniendo todo el empeño en elevar sus espaldas son señales muy claras de sufrimiento que se expresan en sus orejas y en el esfuerzo fisico desarmonizado, son un ejemplo elocuente de este problema. En última instancia, la equitación bitless no es necesariamente una solución mágica para los problemas éticos de la equitación. Al examinar más de cerca la realidad detrás de esta práctica, podemos ver que la verdadera cuestión no es la herramienta en sí, sino la relación entre el jinete y el caballo, y el respeto que se les brinda a estos animales.




martes, julio 01, 2025

Vínculo (nuevo)

Interactuar en la realidad y relacionarse con el caballo implica plantear un cambio en nuestra realidad y en la del caballo. Para que este plan resulte eficaz se debe establecer un vínculo con la realidad que debe implicar necesariamente actuar en tres órdenes: en lo real propiamente dicho, en el ámbito ideal y en lo formal. 

La conexión entre jinete y caballo es un tema fascinante. La empatía y la comunicación no verbal juegan un papel crucial en esta relación. 

La práctica de la equitación permite a ambos seres entender y responder a las necesidades del otro, creando un vínculo profundo y significativo.

El ámbito real queda definido por la descripción del escenario, lo que perciben nuestros sentidos y los del caballo... es un terreno plagado de incertidumbres y desconfianzas mutuas, a la defensiva, y en el que se establece, de hecho, una distancia de seguridad. Si nos acercamos el caballo se alejará, manteniendo esa distancia, preservando su “burbuja“ y dispuesto a la fuga si es necesario. Podríamos decir que en el ámbito real las cosas se dan cuerpo a cuerpo.

El ámbito ideal se refiere a todo lo que llevamos dentro: expectativas, ambiciones, imaginarios, aquella imagen que cada uno se hace del resultado final, el diseño del objetivo. Naturalmente el caballo desconoce absolutamente nuestras intenciones y hace muy bien en desconfiar abiertamente.


Lo formal, en cambio se refiere a las técnicas, procedimientos, las herramientas, recursos... el conocimiento que define nuestro hacer.

Como es fácil advertir, si no conjugamos estos tres aspectos es imposible crear una relación o vínculo con el caballo: si no estamos con el caballo (real), si no tenemos un objetivo (ideal) y si no tenemos un plan (formal). Cada aspecto por si solo no es suficiente.

Frente a frente con el caballo quedamos reducidos al cuerpo a cuerpo, en lo que el caballo sacará amplia ventaja, por instinto, es más fuerte, de mejores reflejos. Si actuamos como si creyéramos poder atrapar y dominar al caballo por la fuerza nos exponemos a riesgos físicos tanto para nosotros como para el caballo; y si optamos por una actitud absolutamente pasiva simplemente las cosas se desarrollarán según el interés del caballo. Creer que dominamos al caballo por la fuerza es una alucinación propia del mejor ilusionismo, siempre habrá un consentimiento y una aceptación del caballo, él tiene la última palabra.

Además, el uso de la fuerza se vuelve una herramienta tosca, burda que entorpece la comunicación, el caballo debe despejar el “ruido“ (señales que no pueden ser decodificadas por los sentidos) que hacemos en su boca, en su cuerpo, para tratar de interpretar alguna ayuda. Asi configuramos un círculo vicioso: menos nos entiende, más ruido hacemos con nuestras “ayudas“ obligándonos a incrementar las señales, más volúmen, que en algunos casos llega a aturdir al caballo.

El objetivo (lo ideal) por si sólo tampoco es suficiente. De nada sirve saber qué queremos si no sabemos qué podemos hacer y cómo debemos proceder... todo nuestro ideal puede verse reducido a una mera fantasía.

Una serie de técnicas y procedimientos (sólo lo formal), nos convertirán en autómatas, con algún éxito en algunas ocasiones, pero tampoco solventará el vínculo y sobre todo nos mantendrá alejados de poder desarrollar la sensibilidad necesaria para adecuar esas técnicas según el carácter de cada caballo.

Es prácticamente imposible manejar un caballo sin desarrollar el tacto que nos sensibilice para leer sus mensajes y entender, en la medida de lo posible, su lenguaje. En este ámbito es imprescindible tener en claro que planeamos una comunicación con el caballo, que esperamos que él esté atento y dispuesto a nuestras demandas y que es fundamental contar con un lenguaje compartido para entendernos, basado fundamentalmente en lo corporal (actitud, gestos, ritmos y miradas, no debemos perder de vista que nuestra actitud natural es manifiestamente la de un depredador y que en consecuencia debemos reeducarnos para que nuestras acciones no resulten una amenaza para el caballo).

La relación con el caballo se desarrolla entonces manteniendo aquel espacio de seguridad; y antes de vencer ese espacio o barrera, debemos negociar en términos de mutuo respeto: ninguno invadirá el espacio del otro sin previa conformidad.

La empatía y la confianza se pueden profundizar en varios sentidos: reconocer y entender las emociones del caballo (miedo, alegría, tristeza): adaptar el lenguaje corporal y la comunicación para calmar o animar al caballo y ser consciente de las necesidades físicas y emocionales del caballo.

En cuanto a la confianza es necesario establecer rutinas y patrones predecibles para el caballo, ser consistente en las acciones y reacciones y demostrar vulnerabilidad y apertura para que el caballo se sienta cómodo y recompensado.

En resumen, la conexión entre jinete y caballo se basa en la empatía y la confianza. Al reconocer y entender las emociones del caballo, adaptando el lenguaje corporal y la comunicación, y estableciendo rutinas predecibles y consistentes, se fortalece este vínculo. La empatía y la confianza permiten una conexión profunda y significativa entre ambos, enriqueciendo la experiencia de la equitación.